El depósito nuclear del fin del mundo no es seguro

El depósito de residuos transuránicos del desierto de Nuevo México fue diseñado para almacenar los restos de las armas nucleares de EEUU durante los próximos 10.000 años. Ahora un grupo de expertos pone en duda su seguridad.

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Durante los últimos 15 años el Departamento de Energía de Estados Unidos ha estado almacenando los restos nucleares procedentes de su programa de defensa en un depósito enterrado a 600 metros bajo el desierto de Nuevo México. La Planta Piloto para el Aislamiento de Residuos (WIPP) está diseñada para albergar los residuos con elementos más pesados que el uranio, los denominados transuránicos, como el plutonio-239, con un periodo de decaimiento de unos 24.000 años, o el plutonio-240, con una vida media de 6.500 años. El lugar – un lecho de sal que ha permanecido estable durante los últimos 200 millones de años – se consideró ideal para almacenar el material procedente de las miles de cabezas nucleares y mantenerlo aislado de la superficie durante los próximos 10.000 años. Para garantizarlo, el gobierno encargó un plan de comunicación y seguridad para que la humanidad se mantuviera alejada del lugar en un futuro lejano.

La intención del Departamento de Energía es sellar el depósito en el año 2033, fecha en que alcanzaría su máxima capacidad. A día de hoy, tras 15 años de actividad, la planta ha completado la mitad se su espacio tras almacenar unos 91.000 metros cúbicos de residuos nucleares, el equivalente a enterrar un campo de fútbol a unos 13 metros de profundidad. El material se almacena en bidones de acero apilados en las galerías naturales, pero un par de sucesos recientes han demostrado que la seguridad y aislamientos no están del todo garantizados. En un artículo publicado en la revista Nature, varios expertos nucleares encabezados por Rodney Ewing utilizan éste y otros argumentos para cuestionar abiertamente la seguridad del depósito y alertar de los peligros de aumentar la cantidad de plutonio almacenada.

El 14 de febrero de 2014, por ejemplo, un bidón dañado emitió pequeñas cantidades de plutonio y americio que llegó a la superficie a través de los conductos de ventilación y se propagó en un perímetro de casi un kilómetro desde la salida exterior. El problema se produjo al mezclarse las sales de plutonio con la arena de gato que se utiliza como absorbente en el almacenado, una reacción que podía haberse anticipado. En el episodio, 21 trabajadores de la planta resultaron expuestos a la radiación, que por fortuna fue muy baja. Nueve días después, el humo procedente del incendio de un camión se coló en las instalaciones y dañó los sistemas eléctricos de la planta. Aunque estos incidentes no comprometen la seguridad global de las instalaciones, aseguran los autores, sí “ilustran lo difícil que es predecir fallos potenciales en este tipo de sistemas de almacenamiento para miles de años”.

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Los análisis posteriores del Departamento de Energía han mostrado que existe una falta de cultura de seguridad entre los trabajadores de la planta que podría ser muy peligrosa. En estos 15 años se han detectado fallos en los protocolos de control de los bidones, en el mantenimiento de los equipos y en los planes en caso de accidente. La investigación sobre el incidente del bidón indicó, por ejemplo, que no se había hecho ninguna evaluación técnica previa para determinar la conveniencia de usar aquellos materiales. “Las tecnologías complejas son propensas a los fallos imprevistos que pueden extenderse rápidamente“, escriben los especialistas en las páginas de Nature. “Entre los ejemplos se incluye el accidente en la central nuclear de Three Mile Island en Pensilvania  1979 y la explosión del transbordador Challenger en 1986. Accidentes de este tipo no pueden ser predichos con facilidad”, insisten, “pero un sistema diseñado con los errores en mente puede reducir los riesgos”.

Lo que más preocupa a los autores del trabajo son los cambios en el plan de almacenamiento de la WIPP. El acuerdo con Rusia para deshacerse de parte del arsenal militar obliga a EEUU a deshacerse de 34 toneladas extra de plutonio de las cabezas nuclearesy ya hay informes para llevarlos a la planta de Nuevo México después de diluirlos hasta concentraciones equiparables a las que ya se almacenan. Si se va a introducir más plutonio, advierten, se deben revisar a fondo las medidas de seguridad y las posibles reacciones del material almacenado “El plutonio extra prácticamente triplica el proyectado para su almacenamiento originalmente (12 toneladas)”, advierten. “El diseño y el sistema de seguridad no preveían semejante cantidad“. Por otro lado, señalan, la capacidad de la WIPP debería crecer un 15,1% para albergar el nuevo plutonio, lo que aumentaría la posibilidad de que algún día alguien haga un pozo de prospección y se lo encuentre.

Los científicos creen que las posibilidades de que los futuros humanos hagan pozos en busca de petróleo y gas en este tipo de terreno van en aumento, pues las cifras indican que las compañías dirigen sus intereses cada vez más hacia zonas como ésta. “No podemos tener la certeza de que los futuros habitantes de la zona sepan ni siquiera que la WIPP está aquí”, aseguran. “Para poner las escalas de tiempo en perspectiva, la agricultura se desarrolló hace alrededor de 10.000 años“. Además, argumentan, al aumentar las cantidades de material radiactivo y su duración habrá que aumentar el periodo de seguridad, lo que aumenta las posibilidades de intrusión humana. Todo esto les lleva a concluir que el Departamento de Energía “debe examinar con mayor cuidado su protocolo de seguridad para una intervención que se prolongará durante 10.000 años y más allá”. Y para ello debería mirara  lo que ha sucedido en los últimos 15 años de almacenamiento y aprender de los errores.

Referencia: Reassess New Mexico’s nuclear-waste repository (Nature) DOI10.1038/529149a

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