LA RADIACIÓN DAÑA EL ADN

El peligro tras el TAC: el 50% de los escáneres son innecesarios. Y pueden causar cáncer

El artículo 21 del Código Deontológico de la Organización Medica Colegial es claro al respecto: “Las exploraciones complementarias no deben practicarse de manera rutinaria, indiscriminada o abusiva”. Pero, por desgracia, este principio básico de la práctica médica se viola de forma recurrente con muchos de los pacientes que se somenten a tomografías axiales computarizadas, más conocidas como TAC o TC.

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En España se realizan al año unos 4,5 millones de TAC, una cifra un 20% superior a la de hace sólo un lustro. Ni qué decir tiene que este tipo de escáneres con rayos X son indispensables en la práctica médica pero, como ha denunciado la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) –basándose en los resultados de importantes estudios–, entre el 30 y el 50% de los TAC que se realizan no son necesarios. Y se trata de un abuso similar al que se está dando en nuestro país.

La introducción de la tomografía computarizada en el diagnóstico médico supuso una revolución comparable a la del descubrimiento de las primeras radiografías. Gracias al trabajo de cientos de rayos X que crean imágenes tridimensionales detalladas, los doctores pueden observar anomalías que, de otra forma, tendrían que descubrir mediante biopsias o cirugías. Por fin los médicos podían observar las estructuras internas del paciente sin el solapamiento propio de la radiología convencional.

El cuatro de octubre de 1971 se produjo en el Atkinson Morley Hospital la primera imagen humana obtenida con esta tecnología y, desde entonces, las máquinas no han dejado de extenderse y mejorar. Pero lo que es sin duda una herramienta útil para la práctica médica representa ahora un importante peligro a tener en cuenta.

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Al igual que los equipos de radiografías convencionales o los escáneres PET, los TAC utilizan radiación ionizante que, como todo el mundo sabe, puede dañar el ADN y causar cáncer. Y la exposición de los individuos a la radiación es, en este caso, muy elevada. En un escáner de abdomen, que es de los más utilizados, se emite una radiación de 10 milisieverts (msv), que es el equivalente a hacerse 200 radiografías de tronco o 1.500 dentales.

Escáneres a tutiplén

El riesgo de someterse a un escáner de este tipo suele estar justificado, pues es la forma más sencilla y menos invasiva de detectar algunas patologías comunes como las piedras en el riñón o muchos tipos de tumores, pero en múltiples ocasiones se encarga sin justificación, sin valorar otras alternativas –como los escáneres de resonancia magnética, que no emiten radiación ionizante– o, lo que es peor, se realizan por duplicado.

Hay que apuntar que, en la mayoría de los casos, es imposible atribuir de forma precisa el vínculo entre la aparición de un cáncer y la exposición a la radiación de un TAC. Además, el riesgo derivado de someterse a una sola prueba es mínimo. El National Cancer Institute estadounidense (NCI) calcula que el riesgo adicional de desarrollar un cáncer fatal por someterse a una prueba es de 1 entre 2.000, mientras que el riesgo de morir de cáncer por cualquier razón es de 1 entre 5.

El principal problema reside en que muchos de los pacientes que se someten a la prueba acaban pasando más veces por el escáner, lo que multiplica enormemente el riesgo. Un estudio publicado en la revista ‘Radiology’, en el que participaron 31.462 pacientes de dos centros hospitalarios de EEUU, mostró que un 33% de los sujetos se habían sometido a cinco o más escáneres TAC, un 5% a más de 22 pruebas, y un 1% a más de 38.

“Descubrimos que mientras que la mayoría de pacientes acumula un pequeño riesgo de cáncer, un 7% de los pacientes del estudio se expusieron a tal cantidad de tomografías que incrementaron el riesgo de cáncer en un 1% o más por encima de los niveles iníciales”, señaló Aaron Sodickson, investigador del Center for Evidence-Based Imaging de Boston, y autor principal del estudio.

Parecen porcentajes pequeños, pero si recordamos que sólo en España se realizan más de cuatro millones de pruebas al año, los cánceres atribuibles a éstas no son para nada despreciables. No hay datos del impacto del TAC en nuestro país, pero podemos hacernos una idea con los datos disponibles, como siempre, en EEUU.

Dos estudios publicados en 2007 y 2009 por científicos de la Universidad de Columbia y el NCI predijeron que en EEUU hasta el 2% de los cánceres futuros –en torno a 29.000 casos y 15.000 muertes anuales– podrían ser causados por los TAC. El efecto de la radiación es además acumulativo y mayor en los niños, por los que habría que ser especialmente cuidadoso con ellos. Pese a esto, en EEUU se realizan entre 5 y 9 millones de escáneres infantiles al año.

El auge de la medicina defensiva

Sí el riesgo de someterse al TAC parece claro, ¿por qué no se hace un esfuerzo mayor en evitar pruebas innecesarias? Lo cierto es que hay muchas razones, y algunas de ellas son preocupantes.

Como explica Sandra G. Boodman en un interesante artículo en ‘The Atlantic’, algunos hospitales realizan por sistema escáneres dobles –uno con un agente de contraste y otro sin él–; en ocasiones los médicos no pueden (o no quieren) usar escáneres realizados con anterioridad en otro centro médico; y otras, y esto es lo peor, se mandan pruebas que no son necesarias sólo porque el médico en cuestión tienen ciertos intereses en las clínicas de radiología encargadas de realizar las pruebas. Un estudio comprobó que los médicos que tienen intereses económicos en clínicas radiológicas someten a sus pacientes a más TAC que aquellos sin ninguna vinculación con éstas.

En España, gracias a que gran parte del sistema sanitario es público, nos libramos en gran medida de estos oscuros intereses financieros, pero no de otra de las razones por las que se encargan más escáneres de los que se deberían, lo que se conoce como “medicina defensiva”, esto es, la mala praxis médica destinada a protegerse de un eventual reclamo futuro del paciente.

Un reciente estudio mostró que los médicos que más escáneres realizan son también los que se enfrentan a menos demandas. Ante la duda de la conveniencia o no de realizar un TAC, muchos médicos deciden someter al paciente a la prueba para así lavarse las manos ante un eventual error de diagnóstico. Muchos pacientes, además, piden someterse a todo tipo de pruebas y, aunque los médicos puedan considerar innecesario mandarlas, acaban cediendo por miedo a equivocarse.

Según la Memoria de la Asociación El Defensor del Paciente (ADEPA) en el transcurso del año 2014 se han recibido un total de 14.749 reclamaciones por supuestas negligencias médicas (442 más que en 2013, lo que equivale a un 2.99% más que el año anterior). Y, hasta la fecha, nadie considera que mandar demasiados TAC sea una mala práctica, pero sí que al no mandarlos pase desapercibido un problema que habría revelado el escáner.

La comunidad médica, dividida

Todos los médicos coinciden en señalar que si se respetan los procedimientos y las buenas prácticas –como cumplir siempre con la norma ALARA, esto es, impartir las dosis de radiación más bajas posibles (“As Low As Reasonably Achievable”)–, los beneficios para el diagnóstico de las pruebas TAC compensan con creces su riesgo. En lo que no coinciden tanto es en la valoración de la frecuencia con que estas buenas prácticas son ignoradas y en la incidencia real de éstas a la hora de padecer cáncer.

El pasado mayo tres importantes especialistas estadounidenses –incluido el vicepresidente del Colegio Americano de Radiología– firmaron una columna de opinión en la revista ‘Radiology’ en la que tildaban el riesgo de sufrir cáncer debido a un TAC como algo “no demostrado” y “exagerado”.

En nuestro país, por suerte, las autoridades médicas están mucho más concienciadas. La Sociedad Española de Radiología Médica reconoce el problema e, incluso, ha publicado manuales para disminuir el impacto de los escáneres tomográficos. En su opinión, no se deben realizar nunca exploraciones radiológicas no justificadas y deben sustituirse siempre este tipo de técnicas en niños y mujeres embarazadas. Si en todos los centros médicos se siguen al pie de la letra sus recomendaciones es probable que en nuestro país el problema disminuya. Si no, tendremos que afrontar las consecuencias.

Fuente:  http://goo.gl/O73ADF

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