¿Por qué mata la contaminación a millones de personas?

Los datos de la Organización Mundial de la Salud son concluyentes: en el mundo, alrededor de siete millones de personas mueren prematuramente debido a la polución atmosférica. Un 40% de infartos de miocardio, otro 40% de derrames cerebrales, un 11% de enfisema pulmonar, un 6% de cáncer de pulmón y un 3% de problemas respiratorios agudos en niños.

La polución atmosférica es la concentración relativamente alta de sustancias que no pertenecen realmente a la atmósfera. Ésta está formada por gases esencialmente neutros: oxígeno, nitrógeno, vapor de agua, CO2, helio y, más recientemente, por algunos clorofluorocarbonos. En cambio, las sustancias que contaminan son óxidos de nitrógeno  (los precursores del ácido nítrico) iones de sulfatos (precursores del ácido sulfúrico), sulfuros, otros ácidos y, sobre todo, micro y nano-partículas sólidas.

Las proteínas de nuestro cuerpo tienen tamaños del orden de hasta unos 10 nanómetros; un nanómetro es la milésima parte de una micra.

Es una cuestión de tamaños: los alveolos pulmonares, donde se realiza el intercambio de CO2 y oxígeno entre la sangre y el aire, tienen diámetros de unas 200 micras. Los intercambios de gases se realizan en las superficies de los alveolos que están recubiertos por capilares sanguíneos de tamaños del orden de micras.

Las micro-partículas y las nano-partículas del aire, esencialmente carbón, procedentes sobre todo de la combustión parcial del aceite que queman hoy los motores diesel, no se ven. Los humos son transparentes, al revés de las partículas que emitían los motores diesel hace unos años que generaban humos negros.

Pero aunque no se vean, existen. Y son mucho más dañinas que las de los humos negros, pues éstas eran demasiado grandes para causar daño en los alveolos pulmonares. Las micro y nano-partículas actuales pueden acceder perfectamente a esos alveolos y en muchos casos pasar al flujo sanguíneo.  Cada persona es distinta de las demás y hay personas cuyas estructuras permiten el paso de partículas extrañas a la sangre y otras que lo resisten.

Los derrames cerebrales y las obstrucciones en los capilares del corazón -las coronarias- pueden estar debidas en muchos casos a estas pequeñas partículas que obstruyen la circulación de la sangre en zonas críticas.

Ocurre, como en las tuberías de las casas, que una pequeña obstrucción de óxido, por ejemplo, se puede quedar pegada a las paredes de las tuberías. Al estrecharse ese canal de flujo, las siguientes partículas encuentran un remanso alrededor de ese primer obstáculo al flujo y se acumulan allí, hasta obstruir totalmente el paso de sangre por el capilar.

Esto está perfectamente documentado con partículas de grasa: el colesterol ”malo”. Pero las partículas de la contaminación atmosférica actúan de la misma manera.

Hay una diferencia, que es la misma que entre el fumador activo y el pasivo: aquél se envenena porque quiere, mientras que este último respira un humo que aborrece.  El colesterol ”malo” puede producirse por una dieta poco sana, rica en grasas animales. Pero las micro y nano-partículas del aire de las ciudades que una persona respira es posible que no las haya generado ella. Por ejemplo, muchas personas conducen coche con motor de gasolina que no emiten partículas,  pero tienen obligatoriamente que respirar el aire con partículas emitido por coches diesel, camiones y autobuses que no sean de gas natural.

El resto de los contaminantes son sustancias irritantes para las mucosas del tracto respiratorio. La exposición continuada a estos irritantes genera un daño en esas mucosas similar al de un papel de lija fina que pasa una y otra vez por encina de un barniz protector de una lamina de madera, por ejemplo, hasta que finalmente lo destruye. En ese momento se produce el asma crónica y, en su caso, el enfisema pulmonar.

¡Un desastre!

¿Por qué tenemos que sufrir esto?

La contaminación deriva, sobre todo, del uso del carbón y del aceite del petróleo, del ”diesel” que contiene muchas sustancias contaminantes. El carbón se utiliza masivamente en China y en India, y menos en Europa, al menos cerca de las aglomeraciones de población.

Pero el gasóleo se utiliza masivamente en Europa y en nuestro país, España. Es un producto residual del refinamiento del petróleo, que no se usaba mucho  en Europa, salvo para barcos y camiones, y se sigue sin utilizar mucho en los coches de las Américas.  Pero existe y existía y gobiernos complacientes con las distribuidoras de combustibles impusieron, originalmente precios tan bajos para ese gasóleo, que la población empezó a gastarlo masivamente. Una vez conquistado el mercado, y sin ninguna razón real, el precio del gasóleo se equiparó con el de la gasolina.

Es una cuestión puramente monetaria, pero gracias a ella hoy disfrutamos de ciudades con esferas amarillas sobre las mismas y ataques constantes a nuestras vías respiratorias.

Como con todo lo que concierne al medio ambiente, este problema es también inmediatamente resoluble con un coste monetario mínimo para los ciudadanos y los fabricantes de vehículos, a quienes les cuesta lo mismo producir motores diesel o de gasolina. Realmente los únicos interesados en seguir contaminando nuestras ciudades son las empresa petroleras y de carbón.

Se esgrimen toda clase de argumentos especiosos acerca de costes y precios, pero como demuestra la etapa, hace unos veinte años, en la cual el gasóleo costaba, en las gasolineras, la mitad que la gasolina, costes y precios varían a ”gusto del poeta”, es decir, según las conveniencias, no del usuario, sino del productor.

Y esto último, sin hablar de la contaminación mas brutal de todas, la del CO2 que está causando disrupciones en los patrones de tiempo que causan pérdidas mil-millonarias a los ciudadanos, sencillamente por estrujar la esponja de los combustibles fósiles en vez de instalar a toda velocidad las energías solares (aerogeneradores o molinos de viento incluidos, pues su movimiento se debe al calentamiento de océano por el Sol)  que, hoy son ya competitivas con esos combustibles contaminantes.

Estamos en esto, como en tantas otras cosas, los ciudadanos al servicio de ganancias inmensas que no tienen la menor justificación.

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