“Las enfermedades psicosomáticas no son imaginarias”

La neuróloga Suzanne O’Sullivan es especialista en identificar enfermedades provocadas por la mente, lo que no las hace menos reales que las demás.

Linda acudió a su médico de cabecera preocupada por un bulto en el lado derecho de su cabeza. Aunque el doctor le explicó que era un quiste de grasa, la paciente pidió más pruebas y empezó a experimentar una serie de síntomas, convencida de que se trataba de un tumor que había alcanzado su cerebro. Cuando llegó a la consulta de la neuróloga Suzanne O’Sullivan, la mujer tenía el lado derecho del cuerpo paralizado por la supuesta enfermedad. “El hecho de que no supiera que la parte derecha del cerebro controla la parte izquierda del cuerpo hizo que su subconsciente se equivocara al imaginar sus síntomas”, explica O’Sullivan. Linda es uno de los millones de pacientes que acuden a la consulta con una enfermedad que ha provocado su mente y no tiene un origen orgánico claro. Pero eso no quiere decir que su enfermedad sea  fingida o menos grave que otros problemas de salud.

En su libro “Todo está en tu cabeza” (Ariel. 2016), la doctora O’Sullivan relata su experiencia en las últimas décadas como neuróloga de dos importantes centros londinenses y trata de ofrecer una visión más humana y cercana sobre las enfermedades psicosomáticas. Gracias a la lectura de los encefalogramas y la videotelemetría, ella y su equipo pueden distinguir un ataque epiléptico real (provocado por una lesión en el cerebro) y un ataque provocado por otros motivos. Su experiencia con estos casos le ha ayudado a comprender el abandono que sienten algunas de estas personas, a pesar de su sufrimiento. Hablamos en un hotel de Madrid, donde se encuentra para presentar su libro.

O sea que usted es la persona que les dice a los pacientes lo que no quieren oír.

Sí, creo que es una buena definición de lo que hago, lo cual es bastante sorprendente, porque como médicos te enseñan que cuando le dices a alguien que no tiene nada orgánico debería sentirse bien. Por desgracia, muchos pacientes están molestos cuando les comunicas que tienen un problema psicosomático, porque sus síntomas son tan reales e incapacitantes que cuando les dices que las pruebas son normales sienten que les estás humillando.

Y el mayor riesgo es que dejen el tratamiento, ¿verdad?

Mi habilidad es intentar hacer que la gente deje de pensar que tiene algo físico, como esclerosis múltiple, y que asuman que tienen otro problema psicosomático; convencerles de estas dos cosas son igualmente malas, que no quiere decir que no sufran, o que sea imaginario y no necesiten ayuda. Intento que vean a otros especialistas.

¿En qué medida tiene éxito?

Creo que con los años me he hecho mejor, porque he ido aprendiendo. Cuando empecé en esto como neuróloga no estaba preparada en absoluto, creí que trataría con gente con epilepsia y problemas como ése. Muy pronto descubrí que, por mucho cuidado que tengas, siempre te preguntarán si crees que fingen o que no es real. Solo con los años he aprendido a ser tan clara como sea posible y conseguir que acepten ir al psiquiatra. Trato de convencerles de que intenten algo diferente, que nos dejen explorar su problema de otra manera. Pero no todos quieren.

El gran problema es el estigma de los síntomas psicológicos, que se asocian con algo imaginario.

Claro. Y puedes entender su punto de vista, porque si yo trajera aquí a dos personas y una estuviera ciega por un terrible accidente y otra estuviera ciega por un problema psicosomático, la sociedad no los consideraría de la misma manera. Pero los dos están igualmente discapacitados, con la diferencia de que solo uno de ellos tiene la posibilidad de ponerse mejor. Por desgracia, hay mucha gente que piensa que uno es realmente ciego y el otro no.

Todo está en tu cabeza

Y los médicos tienen el mismo problema.

Sí, los médicos son en este aspecto como todos los demás. Los neurólogos, por ejemplo, no consideraban que esto fuera asunto tuyo, así que no ayudaban a este tipo de pacientes porque no les consideraban igual que los otros. No todos son así, pero muchos sí. Y parte del problema es la manera en que se comporta la gente con estos casos. Por ejemplo, las personas con parálisis en las piernas por razones psicosomáticas son capaces de moverlas cuando están distraídos. Y los médicos han pensado al verlo que en realidad podían moverlas si querían, cuando no es así. Cuando prestas atención a tus piernas no las puedes mover y eso no se ha entendido en el pasado.

En el libro explica que las diferencias entre fingir una enfermedad y tener un problema psicosomático se ven incluso en el escáner.

Sí, eso ha sido realmente muy útil. Con la resonancia magnética funcional puedes explorar qué partes del cerebro se activan y se ha visto que con la enfermedad somática se activa una parte muy diferente a la que se activa cuando cuando finges.

Usted aprendió estas cosas gracias a la tecnología que le permite diferenciar los ataques epilépticos falsos.

Cuando haces un electroencefalograma (EEG) puedes distinguir fácilmente lo que es psicosomático, algo que no ocurre cuando alguien viene con un problema de estómago. La prueba te muestra que esa persona está inconsciente pero no debería estarlo, y eso te fuerza a investigar. Como vi tantos pacientes así, pensé que no iba a pasarme la carrera diciéndoles que no eran mi problema. Mucha gente con estos ataques psicosomáticos tienen hasta veinte ataques al día y eso es terrible.

Muchas veces el peligro es pasar por alto una enfermedad orgánica.

Es el filo de la navaja, realmente. La preocupación de todo médico y una de las razones de las que no le dicen que algo es psicosomático es la posibilidad de estar equivocados. El mayor miedo de un médico es decirle a un paciente que tiene un problema psicosomático y que tenga un cáncer que no has visto. Pero la mayor parte de los médicos sobrediagnostican enfermedades para protegerse a sí mismos y eso es un gran error, porque si le dices a alguien que tiene algo que no tiene, disminuyen sus posibilidades de recuperarse alguna vez. Siempre intento pensar que estoy equivocada, por eso hacemos todo tipo de pruebas e investigamos.

Una cosa curiosa es que la gente enferma de la forma en que creen que funciona la enfermedad.

Estas enfermedades están muy relacionadas con la idea que tenemos de ellas. Los ataques epilépticos psicosomáticos no se parecen a los ataques epilépticos, sino a lo que la gente piensa que son los ataques epilépticos porque lo han visto en televisión, donde nunca son como los reales.

Se queja usted de que en la era de internet muchos pacientes acuden creyendo saber más que el médico.

No creo que haya más gente imaginando más enfermedades ahora que antes, lo que ha cambiado es el lenguaje que empleas al llegar al médico. El problema no es peor, pero llegas a la consulta con un montón de diagnósticos por adelantado.

¿Qué papel tenemos los medios en la proliferación de nuevas enfermedades colectivas?

Yo me gradué en 1991 y en aquella época había un montón de información en los medios sobre infecciones por el hongo Candida y muchísimas personas venían a la consulta pensando que tenían ese problema. Pero desde hace diez años nadie pregunta por eso, ahora tienen en la mente las alergias o las intolerancias alimenticias… Así que sí, lo que sale en las revistas les influye, la gente necesita apoyarse en algo.

Dice usted que a veces estos síntomas son la manera del cuerpo de pedir ayuda… Pero esto es muy difícil de medir, ¿no?

De hecho no hay manera de medirlo. Pero me topo constantemente con gente con historias terribles y cuando les dices si ese puede ser el problema piensan que lo han resuelto. Creo por desgracia es muy fácil negarnos a aceptar que tenemos un problema y que nuestro cuerpo reacciona al estrés. Si no lo manejamos bien, nuestro cuerpo lo hará por nosotros. Algunas personas tienen la costumbre de trasladar esos problemas al fondo de su mente y el resultado no es bueno.

La mente está enseñando su capacidad de provocar reacciones físicas.

Por eso es tan curioso que la gente no esté dispuesta a aceptarlo. Cosas como ponerse colorado, temblar o el dolor de cabeza, son instantáneas. Incluso el más pequeño estrés puede provocar síntomas físicos. Lo aceptamos sin dificultad, por eso no entiendo por qué no dan otro pequeño paso y entienden que los problemas financieros o del matrimonio pueden hacerme algo más.

Y curiosamente las mujeres lo sufren más. ¿Se conoce el motivo?

Como mujer me resistía a creer en eso al principio, porque muchos médicos varones se niegan a veces a aceptar que alguien tiene un problema psicosomático porque es un hombre. Pero mi experiencia me indica que la mayoría de pacientes son mujeres. Creo que un motivo es que son más vulnerables el tipo de acontecimientos que pueden provocar estas enfermedades, como abusos físicos o sexuales. Pero también existe cierta cultura por el que las mujeres se quejan más de su estado de salud, mientras que en los hombres está peor visto, se les considera débiles. Pero cada uno sufre a su manera.

Sin embargo, parece que los hombres somos en general peores pacientes y más quejicas.

Puede que el hecho de que no se permita quejarte más llegues más lejos cuando tienes la oportunidad (risas). Una de las pruebas que hago consiste en dar descargas para medir el umbral de dolor. Cuando se lo hago a mujeres, especialmente mujeres mayores, puedo subir la potencia al máximo y ni siquiera parpadean, mientras que los hombres lloran como bebés. Creo que los hombres están deseando quejarse cuando le dan la oportunidad.

 ¿Qué efectos tienen sobre el sistema estas enfermedades psicosomáticas?

Se cree que una de cada tres consultas al médico de cabecera son por esta causa, lo que no suele ser un problema porque son buenos entendiendo a los pacientes. El problema es mayor en los hospitales y clínicas, donde los especialistas están menos preparados. Si te atiende un neurólogo con otra mentalidad diferente a la mía te mandará de nuevo al médico de cabecera… Y así estos pacientes se pasan de un especialista a otro.

¿Y cuál es la solución? ¿Mandarlos al psiquiatra?

No siempre, porque tienen síntomas físicos. Creo que el problema es que la psicología y el resto de la medicina están demasiado separados. En algunas áreas, como la dermatología o la gastroenterología es cada vez más frecuente que haya psicólogos porque saben que tiene mucha relación. Necesitamos integrar el cuidado de la mente con el del cuerpo y que se enseñen estas ideas en las escuelas médicas. Necesitamos dar unas normas básicas para identificarlo.

Cuando usted era estudiante también se tomó a la ligera a algún paciente que no parecía tener nada orgánico.

Sí, nos han enseñado a tener compasión en función de lo que detectas en un escáner. Si una persona se queja mucho y no tiene nada, no te apiadas de eso y pasas a la siguiente persona. Tenemos que cambiar esa cultura.

Como hipocondríaco, la próxima vez que en mitad de la noche me obsesione un dolor en el pecho, ¿qué me aconseja hacer?

Bueno, lo cierto es que nunca vas a poder cambiar esa tendencia. Si eres alguien que piensa así te pasará siempre. No sé la respuesta, pero lo mejor es no presionar al médico para hacerte muchas pruebas. El error más común es que la gente insiste en que la hagan pruebas y va de un médico a otro…

Y eso a veces puede ser peor.

La mayoría de los médicos no se harían las pruebas que mandan a los pacientes. Por ejemplo, los escáneres cerebrales son ahora tan sensibles que en uno de cada cuatro aparecerá algo, una irregularidad,  que quizá no tenga importancia pero ponga en marcha un proceso…. Si presionas demasiado a tus médicos te van a encontrar algo y quizá te puedas arrepentir.

* El libro “Todo está en tu cabeza”, de Suzanne O’ Sullivan, está editado por la editorial Planeta en la colección Ariel.

Fuente:  http://goo.gl/DxB7kO