Proteger la piel ante el descenso de las temperaturas

 

Con la llegada del invierno y el descenso de las temperaturas hacer hincapié en el cuidado de la piel se convierte en asignatura obligatoria. La aparición de rojeces y arrugas acentuadas por la sequedad de la piel o un tono cutáneo visiblemente apagado son solo algunas de las consecuencias que pueden derivar de una mala rutina diaria. Pero pueden ir más allá de lo meramente visible, ya que “cualquier daño cutáneo tiene un sustrato a nivel molecular y celular”, como bien explica Paloma Cornejo, dermatóloga y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología, lo que obliga a prestar especial atención a nuestra piel durante este periodo.

Aunque tradicionalmente se ha entendido que las pieles más sensibles a las bajas temperaturas son las secas y finas, es de gran importancia introducir nuevos productos en la rutina diaria con el fin de conseguir una máxima hidratación y minimizar los efectos del frío independientemente del tipo de piel que se tenga.

 

¿Y cuáles son las zonas del cuerpo más sensibles al frío? Aquellas que están expuestas directamente a los factores climatológicos, como la cara (especialmente los labios o la nariz), el cuello o las manos. Además, “hay que tener especial cuidado con el contorno de los ojos, porque la piel es muy final y si no la hidratamos bien pueden aparecer arrugas, flacidez…”, explica Myriam Yébenes, Directora del Instituto de Belleza y Medicina Estética Maribel Yébenes.

Muchos expertos coinciden al señalar que, a la hora de prepararse de cara al invierno, es básico exfoliar la piel dos veces a la semana con el fin de eliminar todas las células muertas que se acumulan a consecuencia de la exposición solar propia de las estaciones previas. De esta manera, y como asegura Yébenes, “la piel quedará mucho más receptiva tanto para la cosmética como los tratamientos que apliquemos después”.

Sin embargo, y pese a lo que muchos piensan, una piel que ya ha sufrido las consecuencias del frío puede tratarse y recuperar el aspecto saludable de antaño. Para ello existen numerosos tratamientos estéticos en centros profesionales, como los de radiofrecuencia nanofraccionada, creados para mejorar la calidad de la piel y que favorecen a la regeneración de los tejidos desde el interior de la misma. Hay también otros protocolos que sirven para revitalizarla mediante la infiltración de vitaminas, oligoelementos y aminoácidos, “que dejan la piel con una vitalidad y una luminosidad espectacular”, explica Yébenes. Por su parte, la dermatóloga Paloma Cornejo recalca que lo importante es hacer un diagnóstico personalizado y, en base a ello, hacer un tratamiento acorde con las necesidades de la piel de la persona. “Cuando el paciente llega a la consulta hay que hacer un buen diagnóstico y complementar los tratamientos de cabina con una buena cosmética domiciliaria”, dice.

 

 

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta nuestra piel en invierno es la aparición de rojeces (como se suele conocer comúnmente al enrojecimiento cutáneo), visibles principalmente en las personas con pieles claras, secas y sensibles. Algunas de las recomendaciones para hacer frente a las rojeces pasan por, como señala Yébenes, “evitar los climas muy fríos y ventosos y los sitios con altas calefacciones y saunas” o utilizar prendas realizadas en tejidos que no irriten, como ocurre con la marca Roxy, que recientemente ha lanzado una colección de ropa de nieve en colaboración con Biotherm que contiene una fórmula exclusiva a través de la cual al rozar la prenda y la piel se liberan una partículas que la hidratan y protegen de las bajas temperaturas.

Con el descenso de las temperaturas, los expertos recomiendan hacer una rutina diaria, dos veces al día, con el fin de mejorar las condiciones de la piel. ¿La mejor? La que consta de tres fases: limpiar, tonificar e hidratar y, además, complementarla con un tratamiento de exfoliación dos veces por semana.

 

1. Limpiar

Limpiar es el primer paso hacia la obtención de una piel hidratada y sedosa. Los expertos recomiendan realizar este proceso dos veces al día (por la mañana y por la noche) y aconsejan, además, utilizar un jabón neutro que cause el menor daño a la piel. Por otro lado, “para evitar deshidratación y picores, lo mejor es utilizar agua tibia y no ducharse más de una vez al día, ya que esto aumentaría la deshidratación”, asegura Paloma Cornejo.

2. Tonificar

Incluir un tónico en la rutina diaria durante los meses de frío se convierte en algo indispensable, ya que ayuda a restaurar el equilibrio del PH de la piel. A la hora de decantarse por un tónico u otro hay que tener muy en cuenta el tipo de piel con la que se trabaja, ya que en base al mismo habrá un tipo u otro más proclive para conseguir un cutis más sano e hidratado.

3. Hidratar

Aunque se debe intentar conseguir una piel hidratada durante los 12 meses del año, este objetivo ha de tener una mayor importancia durante los meses de frío. Para Cornejo, “en invierno es muy importante este paso por la deshidratación y sequedad que produce el frío”, mayor que estaciones calurosas, lo que hace que sea indispensable no salir a la calle sin haber aplicado previamente un producto hidratante.

A la hora de decantarse por un tipo de hidratante se ha de tener en cuenta, además, las radiaciones a la que someteremos la piel a lo largo del día, así como la contaminación ambiental o los rayos UV. Por ejemplo, “si se va a exponer en la montaña o nieve el SPF ha de superar el 50”, como recomienda Cornejo.

Por otro lado, incluir mascarillas ultrahidratantes en la rutina diaria se convierte en una de las mejores opciones a la hora de recuperar un cutis terso e hidratado en pocos minutos. Aportan un extra de hidratación a nuestra piel y previenen el envejecimiento prematuro de la misma.

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